Estuvimos en Roraima

Colocarse el equipo es un acto despersonalizante.
En la medida en que el ascenso se realiza
abandona tu nombre (…)
Siempre el alma resueña estos lugares.
Aparecerán rostros no conocidos y situaciones fantásmicas.
Cuando asciendes tu imaginación debe estar apagada.

Igor Barreto, Annapurna

 

 

Así cómo hay libros que leemos con la esperanza de poderlos releer, hay lugares que visitamos con el deseo de volver. Y es que releer, al igual que revisitar, es transitar un camino aparentemente conocido, pero que intuimos que alberga secretos que, a la luz del deslumbramiento inicial y la superación de lo trivial, vamos a poder conocer, si nuestra postura es propicia.

Este viaje a Roraima, que el CiEF organizó junto con Akanan, costó casi un año de planificación, determinación de la fecha adecuada, cierre del grupo y miles de detalles logísticos. No fueron pocos los momentos que invitaban al abandono; nuestro país se complica día a día, todo se complica. Pero finalmente la fecha se estableció y entramos en ese punto de no-retorno que emociona y, a la vez, tranquiliza.

La memoria había hecho su trabajo y los senderos desde Paraitepuy lucieron extrañamente familiares: colinas casi olvidadas que abren paso a árboles de los que recordaba  cada rama. Y el silencio, ese abrumador silencio.

Siendo mi posición habitual en estas expediciones la de “cierre” del grupo, es decir, en la retaguardia; mantenía el ritmo del que se quedaba de penúltimo, lo empujaba sin las manos, luchaba contra el abandono que siempre ataca, suprimiendo toda lógica: la rodilla, la uña, la cabeza; todo conspira. Mi cansancio fue psíquico, el ejercicio de contención se sentía como push-ups mentales: “si tú no llegas entonces yo no llego”.

Respiración, respiración, silencio, sabes que voy detrás de ti, y no voy a dejar que abandones. Como dice Igor Barreto en Annapurna, “(…) Pero hay que seguir, hay que seguir, aunque el corazón haga mutis por sus recuerdos imprecisos. Los fantasmas se deprimen y se apartan”.

El ascenso a la cumbre del Roraima es siempre una anécdota, el verdadero viaje empieza luego del último campamento, con la inminencia del regreso, caminando con el Tepuy a tus espaldas, con la urgencia de dar gracias; pues sentimos que si ascendimos no fue por nuestros méritos, sino porque se nos fue permitido.

Pequeñas galerías de algunos de los compañeros con los que tuve el privilegio de viajar.

Elsie Toro:

Sarah Hidalgo:

Laura Márquez:

Alfonso Riascos:

Jehalmy Parra:

Antonio Rodríguez:

One Comment

  1. Que belleza de fotos y de experiencia!! Todo el dolor físico pasado y los problemas logísticos imagino que se quedaron cortos ante tanta belleza!! Gracias por compartirlo!

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